Diario de cuarentena: Lunes 23 de marzo de 2020

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Pablo Ariza:

El mismo día que sale a la luz ‘Relatos en tiempos de pandemia’, he ayudado a mi vecina a tramitar un ERTE. Vaya forma de empezar. Al día me refiero, porque el proyecto ha arrancado bien. Se buscan anunciantes. Razón: Deusto o Santutxu. Luis, amigo, aprovecho estas dos líneas para darte las gracias por esta aventura. Que sin ser pueblerina también es apasionante. Ya llegará Elanchove. Se han subido al tren Sáenz y G. Zaratiegui. Mal ojo no tengo, talento puro. Como el chico de SEUR que me ha llamado hoy para ver si estaba en casa: «¡Si no se puede salir!», le respondí. «Te sorprenderías, chaval, de lo que me estoy encontrando estos días». No hay más preguntas. Creo que no debo escribir tan tarde estas líneas. A esta hora solo quiero escribir de lo mucho que extraño a mi familia. El horario búho, ya saben.

Karen Pinto:

Tengo una doble vida. Sí, lo confieso. Y vosotros (si alguien aún lee estas palabras) os preguntaréis por qué. Bien. No es debido a que oculte una parte de mi vida o tenga doble identidad, sino porque me duermo a las cuatro o cinco de la mañana y me levanto solo tres horas después. Y eso tiene una explicación. La diferencia horaria entre España y Latinoamérica es de seis horas. Cuando allá son las 20 h. –hora óptima para hacer videollamadas– aquí son las 2 h. Ese es el meollo del asunto. Mi jornada se prolonga porque a la madrugada hago vida social (virtual) con el mundo latino.

Hoy, por ejemplo, a las 2 h. me han hecho una entrevista en vivo desde Ecuador. Ahí estaba yo: en el comedor –a falta de un escritorio–, con mi portátil, un plato con restos de patatas y kétchup, el esqueleto de una manzana, un envase de yogurt chorreando algo de producto y mi móvil como herramienta. Sí, ahí estaba, arreglada de la cintura para arriba, peinada y elegante, y desarreglada para abajo. Llevaba un pantalón de pijama y pantuflas. Pero todo eso, menos mal, no se ve.

La entrevista salió bien. Y yo me dormí a las cinco de la mañana. Lo cierto es que tampoco tengo sueño hasta esa hora. Sé que debo solucionar este eterno ‘jet lag’ en el que me encuentro desde que empezó el confinamiento. He estado muy productiva, pero tengo que arreglar mis horarios y sobre todo dormir más, por aquello de la salud (o la locura).

Cirilo Dávila:

Al tío Isidoro, vivo retrato de mi suegro, lo han ingresado en un hospital de Madrid. Tiene todos los síntomas de estar afectado por el coronavirus, pero los médicos han considerado que no le harán prueba alguna. Con otras palabras, le han venido a decir a la familia que ya está amortizado. Sus allegados más directos ya solo rezan para que no muera y salga de esta. Y no tanto por quien es, ni por lo que representa, sino para volver a un escenario normal en el que podamos despedirnos, como siempre hemos hecho, de quienes queremos. Un beso, apoyo en el duelo y luto en el corazón.

Ahora, ese desgarro familiar se resuelve con una llamada de teléfono, sin medidas paliativas para tanto dolor ajeno. Como en el caso de algunas residencias de Madrid, también puede dejarse al fallecido en la habitación a la espera de no se sabe muy bien qué destino y solo acompañado por un aterrador silencio administrativo.

La última vez que hablé con el sociólogo Javier Elzo me dijo que «estamos, probablemente, ante la primera civilización que apenas celebra a sus muertos». No puedo por menos que acordarme de estas palabras para descubrirme ante la clarividencia de su pronóstico, aunque supongo que ni él ni yo pensábamos que llegaríamos a verlo de esta manera.

Berta Pontes:

Valladolid. El día de hoy se me ha hecho hasta corto, más de lo que me esperaba cuando ha sonado el despertador. He madrugado para escribir sobre un tema que lleva días ocupando muchas horas en mi rutina y que me apasiona: dar voz a las injusticias. Soy un poco culo inquieto, como decía mi abuelo, y siempre estoy revolviendo. Y es que poder ayudar a la gente con lo que escribo hace que esta profesión me parezca la más bella del mundo, pero todos sabemos que esto no me lo he inventado yo.

Mi vocación inicial fue por el periodismo deportivo, cuando soñaba con cubrir los mundiales de Fórmula 1 o Moto GP. Pronto me di cuenta de que eso no iba a ser posible porque, como se dice en mi pueblo, «solo quien tiene padrino se bautiza». Y bueno, yo no tenía. Seguí con la carrera como un mero trámite para poder justificar el salir de fiesta de jueves a sábado.

Pero ahora estoy volviendo a engancharme al periodismo de verdad, al bueno, al que me gustaría dedicarme algún día. Y esto es gracias al Máster, lo reconozco. Y yo que no quería hacerlo…menos mal que mis padres me medio obligaron. Sí, con 24 años tuvieron que obligarme. Me sorprende lo que ha cambiado mi opinión y visión de la vida en apenas unos meses. ¡Y qué bien!

Gorka Seco:

Hoy ha sido un día más aquí en Etxebarri. No he salido de casa para absolutamente nada y ya he vuelto a la normalidad en lo que a actividad física se refiere. Hoy ha sido día de revisar tareas que he ido haciendo desde el viernes. Por un lado la del INE, que analiza la cantidad de españoles que viven en el extranjero. Y por otro lado la histeria colectiva que nos ha invadido como sociedad desde que se ha activado el estado de alarma (y antes también). Una vez repasados ambos textos, turno para otro tipo de tareas… Ganas de salir a la calle y poder socializar algo más, pero estos días también están sirviendo como reflexión de lo que tenemos y, a veces, igual no valoramos tanto.

Ana Gil:

Acabo de cancelar la única entrevista que quedaba en pie para mi TFM. Estaba prevista para el 6 de abril. Hace dos semanas todavía tenía una mínima esperanza. Qué ingenua. La verdad que estaba muy ilusionada porque todo iba sobre ruedas. En fin. Mi día ha estado dedicado plenamente a la escritura. La mañana comenzaba con la estadística del INE sobre residentes españoles en el extranjero. Todavía hay que pulir los textos con muchos números, ¡cómo me cuestan! La tarde ha estado marcada por la ilusión del estreno de ‘Relatos en tiempos de pandemia’. El sitio web multimedia de Luis, un tico amante de los videojuegos y las gallinas, y Pablo, un malagueño obsesionado con Euskadi y sus pueblos. Motiva ver cómo los compañeros sacan adelante sus proyectos periodísticos. Si todo va bien leeréis algunas líneas mías por allí.

Gracias por la confianza, amigos.

Pablo Sáenz:

Comienzo el día discutiendo en Twitter. Una chica ha reprochado a EL CORREO que no haya quitado el muro de pago «en estos tiempos de crisis». La gente ya no pide… ¡exige! Como si nuestro trabajo y nuestras horas fueran gratis. Lo suyo es una demanda, y lo nuestro una oferta. Hoy hablaré de esto.

La gente está muy mal acostumbrada a recibir y acceder a la información digital de manera gratuita. Toda la vida han acudido a los kioskos a comprar el periódico y, adivinen, han pagado por él. Con la llegada de Internet, los medios se lanzaron al nuevo formato y, en lo que debería de haber sido un periodo de adaptación definido y limitado en el tiempo, decidieron poner el acceso a su trabajo gratis. ¿El problema? que ese periodo de prueba gratuito nunca acabó y ahora, que se levantan los muros de pago, la ciudadanía sale con palos y antorchas listos para el linchamiento de los medios y los periodistas. La culpa siempre fue de los medios, sí, pero la gente también tiene mucho morro. No veo a nadie exigiendo comida gratis en los supermercados o reprochando a las farmacias que no ofrezcan fármacos o mascarillas regaladas «en estos tiempos de crisis». Lo siento, pero mi trabajo –como el de los demás– no es gratis.

Franklyn Amaya:

Siento que el confinamiento lo estoy llevando mejor, hoy ha sido un día de mucha conversación con mis familiares. Hablar con papi y mami siempre suele ser un tanque de oxígeno en mi vida, sus consejos y sus divertidas historias me hacen sentirme bien, a pesar de saber que tengo que permanecer confinado entre estas paredes. Me da mucha paz saber que están siguiendo todas las medidas de seguridad posible. Aunque siempre me perturba pensar en el estado de salud de mi abuelita, una anciana de 89 años que gran parte de su vida ha luchado contra el asma. Espero que Dios la proteja y, siempre vaya delante de ella como un poderoso gigante que cubre su camino en estos momentos de crisis.

Laura Tambo:

Once días de reclusión y hoy me apetecen abrazos. Muchos. De los fuertes que casi no te dejan respirar. Tengo que reconocer que a veces soy un poco intensa, pero no puedo evitarlo. Yo soy así y así seguiré, ya lo dijo Alaska en una de sus canciones. Supongo que el confinamiento también saca el lado más tierno de las personas y no sOlo el más gruñón. Ahora no puedo dar abrazos. En realidad sí, pero no debo, por todo ese tema de las medidas de prevención. Parece una tontería, pero en casa las llevamos a rajatabla. Mejor prevenir que curar. Pero en cuanto pase todo esto, o por lo menos lo peor, no me voy a privar de ningún achuchón. Ya habrá alguna que se queje de pesada, pero estoy segura de que en el fondo lo agradece. De momento me voy a conformar con las videollamadas diarias que nos hemos montado como método para combatir la cuarentena. ¡Me dan la vida!.

Luis Ramírez:

Terminé el día con la espalda molida, pero con una sonrisa. No le he dado oportunidad al aburrimiento de que me mantenga cautivo, con ser rehén del coronavirus me basta, y Pablo y yo hemos estado bastante ocupados. Ayer por fin salimos con el proyecto que nos genera mucha ilusión: ‘Relatos en tiempos de pandemia’. Es nuestra respuesta al confinamiento, a nuestro deseo de ser cómplices de las historias que quieren fugarse, aquí, en Costa Rica y en donde sea. Por el momento, se nos han sumado Ana y Pablo (Sáenz), cuyos aportes han sido valiosísimos. Esperamos que se nos unan más. Concluyo este párrafo, que sigue la filosofía de la gallina de cacarear sus propios huevos, invitándolos a visitarnos en https://relatosentiemposdepandemia.wordpress.com/.

Iván Benito:

¿Quién nos iba a decir que Almeida iba a ser el político que más altura iba a demostrar en el peor momento? No es un chiste. Los cuento fatal. Sánchez, Iglesias, Casado, Abascal, Ayuso, Torra, Urkullu, Paje, Montero, Arrimadas, Hernando… podría seguir. Con la oportunidad de oro que tienen de reconocer errores y se empeñan en politizar y buscar culpables mientras no para de morir gente. Al presidente le agradezco al menos que salga a animarnos. ¡Qué menos! Ya si saliera en chándal como Maduro me ganaría por completo.

De otros como Urtaran o Aburto nadie sabe nada. Desde Burgos, he de decir que nuestro alcalde Daniel De la Rosa está dando la talla. Pero no es lo mismo que gestionar Madrid.

Como mi madre me ha dicho que no la aburra con política, lo cuento por aquí.

Irene Echazarreta:

Logroño. Hoy me he enterado de que dos familiares han dado positivo por coronavirus. Están ingresados, pero estables y con fuerza para recuperarse. Y más les vale, porque pretendo darles un fuerte abrazo cuando pueda ir a visitarles.

Todos sabemos en qué consiste este virus y estamos al día de las noticias para conocer su evolución, es decir, las cifras de infectados, fallecidos y recuperados, así como las medidas o posibles medidas establecidas por el gobierno. Sin embargo, creo –y permítanme generalizar– que aunque lo tengamos presente, pensamos que no le va a afectar a alguien cercano, pero ocurre.

Esto es lo que tiene el coronavirus, que te despista porque no lo ves ni es tangible, pero ahí está, al acecho de quien se acerca.

Mikel Huerta:

Santurtzi. Me gustaría dedicar mis líneas de hoy, desde mi más profundo agradecimiento y admiración, a todas aquellas personas (personal sanitario, vendedores de prensa, empleados de supermercados,…) que a pesar de las condiciones se mantienen firmes para que no se venga todo abajo. Mis padres forman parte de se colectivo ya que ambos trabajan en el sector de la alimentación; mi padre tiene una frutería y mi madre trabaja en un supermercado. Infinitos son en las redes sociales los mensajes de apoyo y agradecimiento a esas personas. Y con toda la razón del mundo. Su mérito es increíble.

Desde que se declaró el estado de alarma mi padre se ha estado levantando cuatro días por semana a las 4 menos cuarto de la mañana debido a la restricción de horarios en Mercabilbao porque, como dice: «No puedo fallarles ahora a mis clientes». Siempre teniendo en cuenta y siguiendo todas las medidas recomendadas, al igual que mi madre. Que sin ningún tipo de incentivo ni de duda cuando se declaró el estado de alarma, no dudó en poner ninguna queja sobre la situación, todo lo contrario, con más ganas de ayudar que nunca. Y eso que cada noche tiene que lavarse la mascarilla que el centro les proporciona por falta de material.

Toda mi admiración y agradecimiento a esas personas que nos mantienen cuando las cosas penden de un hilo. Aquellas que tienen que saltar al ruedo conscientes del peligro y poniendo su integridad en peligro para que otros muchos tengamos lo que necesitamos en casa. Sé que me he extendido en mis líneas de hoy pero es que todas las líneas del mundo se quedarían cortas para expresar mi admiración por ellos. Gracias y, sobre todo, mucho ánimo a todos.

Fernando González:

El festejo por el cumpleaños de Amaia ha ido de maravilla. Entre mi pareja y yo hemos preparado una tarta, dos tortillas de patatas, una empanada horneada de queso de cabra con cebolla caramelizada, un guacamole como entrada y hemos agregado un fuet. Sinceramente creo que logramos sorprender a Amaia un poco y que hemos conseguido que lo pase muy bien a pesar del encierro.

Al vivir con tres médicas el tema de conversación muchas veces gira en torno al Covid-19 y es interesante escuchar lo que se vive en las entrañas del hospital de Navarra, las medidas de prevención del personal y su opinión de la crisis. Tema que fue muy recurrente durante la cena.

En la serie, por fin Geralt ha encontrado lo que buscaba y tiene una buena pinta una segunda parte de ‘The Witcher’. Por cierto, he hecho una nota de estadísticas de españoles residente fuera de España para la clase de Pedro y César. Bueno he hecho mi mejor intento.

Por último, ya que les he hablado un poquito de México. El presidente sigue sin darle la suficiente importancia al coronavirus y sigue invitando a la gente a salir a la calle y a lugares concurridos. Esperemos que no llegue muy fuerte a mi país porque si eso sucede, puede ser una tragedia.

Ya los mantendré al tanto de lo que vaya ocurriendo con el Covid y México.

Oihane Irazu:

Día 8. Hoy no ha sido mi día, tenía cosas que hacer y no he hecho nada más que dormir y tocar el piano. Y echar de menos. Estoy totalmente desconectada ya de las noticias, de twitter y de las 24h de minuto y resultado que tienen montado tanto en La Sexta como en Telecinco. Me sigue molestando la gente feliz. Un día menos para que esto acabe. Ah, he decidido ampliar mis horas de sueño para que se me hagan más cortos los días.

Alba Rodríguez:

Deusto. Cuando era pequeña y me preguntaban qué superpoderes me gustaría tener siempre decía que quería poder parar el tiempo. Deseo concedido. Se paró el tiempo. Y llegó en su lugar un silencio ensordecedor. Nunca ha existido un silencio como este en los cinco años que llevo viviendo en esta ciudad. A lo que más me va a costar acostumbrarme cuando regresemos a la normalidad es a eso, al ruido. Yo no sé, sinceramente, cómo podemos soportar vivir con la bulla que montamos y no volvernos locos. Aunque quizás ya estemos locos y esto es lo que haga posible vivir así.

Me fascina el silencio, que es no es el silencio pesado y asfixiante que suele molestar y pegarse a la piel cuando no lo deseas, sino un silencio palpitante de vida que está lleno de miradas curiosas tras las ventanas. Es un bonito daño colateral este silencio. Me siento algo melancólica y bastante conectada con él. Y bastante desconectada de todo lo demás por más tiempo que pase en redes sociales. La paradoja de la desconexión en tiempos de máxima interacción virtual. Pero bueno, ya me pasaba un poco de antes. No vamos tampoco a culpar a la cuarentena de todo lo que nos pasa, y menos si formaba parte ya de nuestras vidas.

Paula Soroeta:

Si hay algo que voy a echar de menos de este confinamiento, aparte del pasar tanto tiempo con mis padres (nuestros quehaceres diarios no nos permiten pasar todo el tiempo que quisiéramos juntos), va a ser los aplausos que cada día a las 20 h. suenan en todas las ciudades de España. Ya se ha convertido en una costumbre de la que me dará mucha pena despedirme.

Cada vez que salimos mis aitas y yo a aplaudir pienso en todas aquellas personas que están trabajando ahí fuera para que nosotros, los que estamos aquí dentro, podamos salir pronto de aquí. Y me emociona, me emociona mucho. Bravo por ellos y ellas.

Javier Cuesta:

Comienza una nueva semana. La afronto con ganas y de forma positiva ya que he decidido cambiar el chip completamente. Es fácil decirlo, lo sé, y muy difícil cumplirlo, pero un vuelco a mi actitud es primordial si me esperan tres semanas (y ninguna más, espero) por delante. Hoy, por fin, he terminado de ver una serie que llevaba tiempo en mi lista de pendientes. La tarde ha volado y cuando me he querido dar cuenta era la hora de la cena. Deseo, iluso de mí, que los días que están por venir suceda lo mismo y que el tiempo deje de transcurrir ralentizado, como si a cámara lenta se moviera el mundo. Ansío que los minutos vuelvan a resbalarse de mis manos por lo llenos que están mis días. Hasta entonces, me tocará buscar una nueva serie, se aceptan recomendaciones.

Pedro Ontoso:

Hoy he salido a la calle después de un semana de confinamiento para comprar alimentos. Lo de la distancia social es un término que está muy bien escogido, porque la gente se aparta cuando pasas y te mira con recelo. Me he movido entre gente con mascarilla y guantes, con bragas de esquiar y pasamontañas. Era una sensación muy extraña porque, además, nadie hablaba. En el Eroski a una cajera muy joven le ha dado una crisis de ansiedad, pero su puesto enseguida ha sido ocupadO por una aguerrida veterana. Como en la guerra. Había estanterías arrasadas otra vez. Por supuesto, las del papel higiénico. Sigo sin entenderlo. Espero que me lo expliquen mis alumnos con el trabajo sobre la histeria social. PEro lo que más me ha llamado la atención es que se habían agotado los aperitivos ¡y las cervezas! Ni una. Todas cero, cero, sin alcohol. Y yo estoy abonado a la woll damm desde que salió la primera. Menos mal que no era un producto de primera necesidad.

A media mañana me llama una amigo del ‘Diario de Ávila’ para contarme que el obispo de la ciudad se ha contagiado con el coronavirus. Me lo dice porque el pasado día 11 estuve en Ávila para presentar mi libro ‘Con la Biblia y la Parabellum’ en un ciclo organizado por la asociación de la prensa y monseñor José María Gil Tamayo, obispo y periodista, estaba invitado. No vino porque tenía otro acto comprometido con anterioridad. ¡Menos mal! En Ávila disfruté de lo lindo. Dormí en la antigua casa del presidente Adolfo Suárez y me enseñaron el pasadizo secreto por el que entraba Santiago Carrillo antes de que se legalizara el Partido Comunista. Avila también es la patria de Santa Teresa, la autora de ‘Las moradas’, en la que habla de los tiempos recios. Como los que ahora nos toca vivir.

César Coca:

Cuando vivimos la plaga de los ochenta (el sida), lo que más nos impactaba no era tanto la cifra de muertos como los famosos que iban cayendo. Y que fueron muchos. Empieza suceder ahora con el coronavirus. El marqués de Griñón, Lorenzo Sanz, quizá Lucía Bosé (la causa oficial es una neumonía pero algunos medios especulan con la posibilidad). No conocí a los dos primeros, pero sí a la actriz italiana. Estuve en su casa de Madrid (vivía en una paralela a la Castellana, en el barrio de Salamanca, muy cerca de la plaza de Colón), para una larga entrevista. Entre la conversación, las fotos y la comida posterior fueron no menos de cuatro o cinco horas. En cuanto me he enterado de su muerte me he ofrecido para escribir un perfil a modo de obituario. Luego la tarde ha seguido con las nuevas rutinas. Todo es más complicado, pero seguimos en pie. Los periodistas no pedimos que nos aplaudan en los balcones a las ocho de la tarde. Nos conformamos con que alguien, en algún lugar, aprecie nuestro trabajo.

Artículo del Diario de cuarentena publicado por los alumnos del Máster de Periodismo 2019-2020 y sus profesores de Producción Informativa.

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