Diario de cuarentena: Martes 24 de marzo de 2020

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Pablo Ariza:

Me preocupa mi padre. Él, como miles de médicos, lleva unas semanas jugándose literalmente la vida. Personal de riesgo los llaman, de película. De terror, digo. Muchos kilómetros de distancia y yo que soy de no molestar. Ni llamar ni que me llamen. Estar, estoy, cuando hace falta. Los que me conocen lo saben. Igual que mi abuelo Miguel, irá en el gen Ariza.

Cuidado que me desvío y no está la cosa como para perderse en plena cuarentena. Nunca he sido de preguntar cómo llega mi padre del trabajo. Y en cambio ahora, ya saben. Se me olvidan cosas que comentar, pero no serían tan importantes. Hay que ser feliz, aunque sea por joder, como dicen en mi tierra. «Dientes, dientes», decía la Pantoja. Les doy un día más de plazo para visitar ‘Relatos en tiempos de pandemia’. Mañana paso lista.

Karen Pinto:

Cierro los ojos e imagino una luna de caramelo. Es la que vi en el lugar más hermoso que jamás he visitado. Está en la selva montañosa, combinada con una sierra nevada y el mar caribeño de color turquesa vivo. ¿Es eso siquiera posible? En las entrañas de aquel lugar hay cascadas de cristal que forman manantiales tan puros que parecen espejos, en ellos se puede flotar sin nadie alrededor. Solo tú y la naturaleza que te sostiene el alma.

En aquel viaje a Santa Marta me hospedé en una cabañita en lo alto de una montaña, tan alto que rozaba las nubes. Aislada de todo. No había nada alrededor más que árboles, palmeras y animales ocultos. Me despertaba con el canto de la naturaleza. Pero el espectáculo empezaba en la noche: se escuchaban grillos y micos aulladores, todos coordinados, como en una sinfonía. Y, sobre todo, aparecía esa luna de caramelo, redonda y de color miel. Me acostaba en la hierba para admirarla durante horas, tantas, que ahora, todavía, reparte azúcar en mis pensamientos.

En aquel viaje comí un pescado de un azul eléctrico preparado a la leña, el más exquisito que he probado y que sin embargo no he vuelto a encontrar. Todo era natural allí. Incluidos los dueños de la cabañita. No estaban maleados por el mundo exterior, lo reflejaban en su inocencia. Ellos descubrieron que existe algo llamado Airbnb, y a través de ahí alquilaban las dos únicas habitaciones del segundo piso. Era una pareja de campesinos que había labrado aquel prodigioso sitio sin saber que el mundo era de ellos.

Este tiempo de confinamiento me recuerda ese aislamiento voluntario en la naturaleza, que hice algún día de septiembre hace dos años. Y pienso: ¿y si en vez de estar aislada en este piso estuviese allá? ¿Acaso no sería la mejor cuarentena que podría vivir? Algún día volveré a ese paraíso colombiano que me hace suspirar hasta ahora, y que siempre tendrá esa luna de caramelo.

Cirilo Dávila:

El paseo a primera hora de cada mañana con ‘Niko’ es uno de esos momentos en los que uno se siente afortunado, dadas las circunstancias. A falta de conversación con otros dueños de animales, repaso algunas informaciones.

España, por ejemplo, es el cuarto país que más ha recortado en Sanidad en los últimos años. Junto al sector de Educación, es un sector donde la temporalidad (interinos) es legión. Mientras tanto, y eso lo aporto yo, hemos engordado la parte del sector público menos productiva: la Administración pura y dura, esto es, la administrativa. En definitiva, el papeleo. Entiendo, por imposible, adelgazar la Administración del Estado. Heredera de una tradición decimonónica (el ‘vuelva usted mañana’ de Larra). Sin embargo, me pasma ver cómo las comunidades autónomas (la más joven cuenta con solo 25 años) han nacido con estos mismos vicios. Que la Diputación de Orense sea, otro ejemplo, una de las ‘empresas’ más importantes de esa provincia por número de empleados lo dice todo.

Mis años de trabajo en la Administración local me han ayudado incluso a entenderlo mejor. Mover un expediente, por simple que sea, es un esfuerzo titánico y no se prima por resultados ni urgencia, sino por el implacable cumplimiento del protocolo.

Y mientras sanitarios, docentes y policías, sufren los rigores de estos días, la mastodóntica maquinaria administrativa ha apagado el interruptor de su presencia. Pocos nos acordamos de ella cuando de lo que se trata es de salvar a un país.

Berta Pontes:

Valladolid. Parecía que el día de hoy no tenía nada interesante preparado para mí, pero alrededor de las 21 h. hemos oído en la calle un altavoz pidiendo que, por favor y por respeto a los vecinos, quitasen la música. Eran nada más y nada menos que cuatro coches de Policía. Se han oído algunos silbidos mientras los agentes intentaban descubrir de dónde salía esa música.
Yo no he podido aguantar y he preguntado a uno de los policías (desde mi balcón, por supuesto) que si mandaban quitarla porque molestaba o porque estaba prohibido. Su respuesta: está demasiado alta. En fin. Ni encerrados en casa nos dejan la horita de desfogue que nos proporciona una vecina que todos los días comienza su sesión de dj al finalizar los aplausos. Pues hoy nos han fastidiado la fiesta, siempre tiene que haber aguafiestas. Que sí, que entiendo que hay gente que tiene familiares o amigos enfermos, pero al final los que vamos a enfermar somos los sanos, pero mentalmente. Tiene pinta de que mañana van a volver. Os mantendré informados.

Gorka Seco:

Hoy hemos amanecido con una tendencia de crítica al Gobierno en muchos de los periódicos nacionales. ‘La Razón’ se acuerda del informe del CSIC que ya alertaba que el virus era letal, salió en enero. ‘ABC’ se centra específicamente en las residencias y la peligrosidad que conlleva que el virus se expanda en las mismas. Y muchas portadas más.

Ante todas esas portadas, una contra crítica del CTXT que acusa a todos esos diarios de querer ‘desgastar’ al Gobierno. En mi caso, pido OPTIMISMO. Creo que esa es la palabra que debe abundar en la mente de cada uno de nosotros para poder sacar esto adelante. Once días han pasado desde que comenzó el hacinamiento, y sigo percibiendo que la reacción de la gran mayoría de personas es positiva. Muchos podréis estar pensando: Pero si eso ya lo sabíamos, llevamos ya más de una semana y muchísima gente se ha sumado al carro de los que #SeQuedanEnCasa. Estoy de acuerdo, los primeros días el positivismo es más fácil tenerlo.

Pero en mi caso, quizás porque soy algo desconfiado, no tenía tan claro que con el paso del tiempo los ánimos fueran a estar al nivel que están y que se mantiene desde los primeros días. Lo confirmo. ¡Hay que intentar seguir así!

Ana Gil:

La música ha sido mi salvavidas en otra jornada de cuarentena. En realidad, siempre lo ha sido. Adrián, mi compañero de piso, y yo hemos visto un documental sobre Javier Ibarra. Kase.O para los amigos. El ansia nos ha devorado. Nos hemos escuchado su último disco, ‘El Círculo’, de arriba abajo. Sin pausa. Qué maravilla para los oídos. Hacía tiempo que no escuchaba activamente –que no oír– un álbum entero. Sin hacer nada más. Concentrada en las letras y los ritmos.

Antes de dormir el aleatorio de Spotify elegía ‘Los días raros’ de Vetusta Morla. Ha cobrado un sentido nuevo, como si hubiera descubierto otra canción. Creo que pasará lo mismo tras la cuarentena. Cuando salgamos a las calles miraremos todo con diferentes ojos. Como quien se pone unas gafas y ve detalles que pasaban inadvertidos.

Pablo Sáenz:

Las 10h. es una buena hora para levantarte de la cama cuando no tienes quehaceres, horarios o ganas de comerte el mundo. Así, hoy me he dado el gusto de posponer la alarma una hora más para reengancharme a un sueño en el que la pandemia aún no había llegado, el amor aún estaba permitido y, además, era posible.

En la cama estaba bien. Aislado de la realidad. Malas noticias desde Italia –el espejo en el que España no puede evitar reflejarse–. Se habla de prolongar la cuarentena hasta el último de julio. Prefiero no hablar de ello.

Las últimas líneas de hoy te las dedico a ti, D. Esta tarde me he acordado de ti y de nosotros paseando por Atocha. Últimamente parece que las cosas buenas, llegado el momento, desaparecen: mis días en Madrid, los tuyos en España, tú y yo de la mano por Princesa o la vida más allá del Covid-19.

Franklyn Amaya:

Cuando se decretó el estado de alarma, todo parecía ponerse cuesta arriba por lo que representa el confinamiento, bueno, al menos los que sí cumplimos a cabalidad esta medida. Luego de superar la primera semana, la dificultad se vuelve más fácil de sobrellevar. Hoy fue un día de compras, tuve el antojo de comer un platillo particular y, al revisar mi alacena, vi que no tenía los ingredientes necesarios para elaborarlo, además de otro montón de cosas que ya se me habían acabado, por lo cual alisté el carrito de las compras y me fui para el supermercado.

Mientras realizaba el recorrido puede observar algo curioso, una mamá pato que cruzaba la calle y detrás de ella sus cinco o seis crías –la verdad no recuerdo bien cuántas eran–, lo cierto es que me llenó de ternura y creo que también a las demás personas que estaban ahí. Al observar esto, tampoco he pasado por alto que en ese instante solo un vehículo tuvo que detener su marcha, cuando a esa hora son cientos de automotores los que transitan por el lugar. Sin duda el confinamiento de los seres humanos permite apreciar con más frecuencia este tipo de momentos, los animales se sienten más seguros y es normal observarlos muy tranquilos en espacios donde antes nunca lo hacían.

Por supuesto que encontré todo lo que buscaba en el supermercado. Regresé a mi casa y me puse a cocinar, claro, siempre tomando todas las medidas, ahora más que nunca tengo presente lavar mis manos en cada momento y con mucha más razón cuando salgo a la calle.

Laura Tambo:

Ayer, mi compañero Javi, el cual lleva sentado a mi vera desde que empezó el curso (al que por cierto adoro y echo de menos), pedía recomendaciones sobre algunas series para entretenerse durante esta larga cuarentena. Y aquí vengo yo a salvarle. A él y a todos los que estén en su misma situación. No soy ninguna experta en este tipo de contenidos, aunque sí un poco forofa.

Quiero dejar de lado las nuevas plataformas como Netflix, HBO, Movistar+, etc, para adentrarme en la cultura española. Que también existe. Y a la que por supuesto no debemos menospreciar. Pues bien, ahí os dejo mis dos grandes descubrimientos. ‘Sé quién eres’ y ‘Mar de plástico’. Dos ‘thrillers’ a cara descubierta en el que el odio, el ansia del poder, la lucha y el amor te sumergen en lo más profundo de este oasis. El contenido y la forma son sin duda espectaculares. Ya lo corroboró en unos de sus textos nuestra txuri urdin, que en menos de dos días ya se había finiquitado la primera temporada entera. Y es que hay que reconocer que los de la Real a veces también saben dónde está lo bueno.

Luis Ramírez:

Años atrás me sentaba por las noches a ver un programa de cocina dirigido por dos monjas de claustro. Sor Liliana y Sor Beatriz pertenecían al Convento de las Hermanas Concepcionistas Franciscanas de Segovia. Sus recetas tenían un serio problema de duopolio entre el aceite y la harina de trigo, pero igual me maravillaba observar la metamorfosis de esos dos ingredientes en sus manos. ¡Qué contenta se ponía Sor Beatriz cuando podían rellenar algún pan con un trocito de chocolate! Hoy el recuerdo de ellas dos visitó mi mente mientras me encontraba yo en mi propia alquimia con el aceite de oliva y la harina de maíz, que han sido recurrentes en mis platos últimamente. Tantas veces que me burlé por el acaparamiento de dos productos habiendo tantas opciones. De repente, me vi convertido en una monja de claustro, con limitación de componentes para mis comidas (es final de quincena, tendré que salir pronto a hacer las compras), encerrado y sin contacto físico con el mundo exterior. No recuerdo en qué momento acepté estos votos monásticos, pero aquí sigo a la espera de poder romperlos pronto.

Iván Benito:

Mi madre ya ha aprendido a manejar el ordenador. ¿Que para qué lo ha usado por primera vez? Para ver el nuevo programa de ayer por la noche de Telecinco. ‘Juegos sin fronteras’ le han llamado. Mi hermana y yo le decimos que no merece la pena, pero ni caso. Varios concursantes representan a países europeos y compiten en pruebas de dudoso atractivo. ¡A mí que me devuelvan el Gran Prix! Eso sí que era un programa con fundamento. Ya solo el nombre engancha. ¿Y la sintonía? Imborrable. Llevar a mi pueblo al programa y ganar era uno de mis objetivos en la vida, pero me lo están poniendo difícil. No como mi familia, que me está haciendo la cuarentena muuuy fácil.

Irene Echazarreta:

Logroño. Se podría decir que hoy he comenzado el día de la peor manera posible: con agujetas. Ya ni me acordaba de lo que suponía sentirlas, pues estaba acostumbrada a hacer deporte, sobre todo, yendo a la hípica, pero ahora no se puede.
Y es que claro, me ofrecieron unas amigas de hípica hacer deporte por FaceTime con el novio de una de ellas, que es entrenador en el gimnasio, y no pude decir que no. Terminé satisfecha por haber hecho todos los ejercicios de la sesión que, por cierto, fue bastante intensa.

Todo tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, por ejemplo, las agujetas. Y es que solo se me ocurre a mí, como principiante, meterme con ellos, pues tienen un nivel totalmente distinto. Mañana seguramente estaré mejor así que, a seguir.

Mikel Huerta:

Santurtzi. Día 10 de condena. Parece que va encontrando resultados la búsqueda de una nueva rutina que ayude a amenizar los días confinados en casa. Por momentos la debilidad y el egoísmo merodean la cabeza con ganas de salir a la calle, y más, con días como el de hoy que invitan a ir en busca de los rayos de sol. Rayos que tan solo el balcón te permite acercarte a ellos. Y para aprovecharlos, he quitado el polvo a la bici estática y me la he subido al balcón para hacer deporte lo más cerca posible de la calle.

También me ha servido el día de hoy para recuperar el cine, que lo tenía un poco olvidado. La lista de películas atrasadas que quiero ver se ha vuelto muy larga y estoy aprovechando para ponerme al día. Por lo menos cuando una puerta se cierra, otra ventana se abre (nunca mejor). Llevaba bastante tiempo en el que no encontraba el momento para ponerme. Pues ahora sí lo tengo para disfrutar. Como siempre digo, lo importante es la salud. Espero que vosotros estéis bien también. ¡Mucho ánimo a todos!

Fernando González:

Esta semana ha comenzado a ser más dura para mí. Estar en casa 24/7 se está tornando complicado. Ayer he buscado la forma de cambiar el ánimo y bueno algo he podido. He recurrido a ver ‘stand up’ de comedia y, bueno, el señor Franco Escamilla me ha sacado bastante risas.

En cuanto a la comida del día, pues he elaborado otro par de empanadas, una de pollo con queso y otra de jamón y queso con cebolla. A mi gusto quedaron muy buenas.

Por la noche logré por fin coordinar con mi cuadrilla y quedamos todos para hablar, fue divertido volver a estar con todos aunque sea de forma virtual, fue muy bueno, lo malo es que una vez que se termina la llamada comienzas a extrañarlos aún más. Ellos aún no están en cuarentena obligada, pero muchos ya están trabajando desde su casa. Todos se mostraban sorprendidos cuando les platicaba lo que está ocurriendo en Pamplona y las pocas oportunidades que hay de salir a la calle.
En un momento de la tarde me he puesto en contacto con Pablo, que además de amigo es mi vecino en México y me contaba preocupado que no sabe qué es lo que va a pasar con su empresa. Hace equipo y juguetes para mascotas, pero tiene una semana parado, ni produce ni vende. Y para este tipo de compañías estar dos semanas cerrando puede ser mortal.
Luego de platicar con él me di cuenta que todas las pequeñas y medianas empresas se verán muy perjudicadas, algunas conseguirán salvarse y muchas otras están condenadas a la muerte

Oihane Irazu:

Bilbao. Día 10. Hoy ha sido el peor día anímicamente de los 10 que llevamos. He dormido hasta el mediodía para luego bajar a la farmacia y a la panadería. Después de comer, de 16 a 20 horas, he estado durmiendo otra vez. La verdad que dormir hace que el dia se pase más rápido, y qué bien. Solo pensar que nos quedan mínimo 17 días más…

Alba Rodríguez

Otro día extraño que se suma a la lista de días extraños. No creo que me vaya a acostumbrar nunca a esta situación. Siempre he sido una persona muy casera, así que cuando anunciaron el estado de alarma pensé que no me afectaría tanto como a aquellas personas de mi entorno que sé que odian estar sentados en casa. Me equivoqué estrepitosamente. Sí es verdad que leo a gente por redes sociales que está aún peor que yo, que saca a pasear perros de peluche o que directamente se saltan la cuarentena porque no lo soportan más.

Hoy he ido al supermercado. Una señora enfundada de pies a cabeza (llevaba mascarilla, guantes de látex e incluso unos patucos para proteger sus zapatos) ha puesto su pan en la cinta de la compra y yo he esperado tras la línea que el supermercado en cuestión tiene puesta en el suelo para mantener la distancia de seguridad. La señora se ha dado la vuelta, me ha mirado de arriba abajo y, de una manera tajante, me ha dicho: “Apártate más, ¿no? Que han dicho que la distancia son dos metros”. Me quedado algo perpleja, no solo por las formas sino también porque yo sabía perfectamente que estaba cumpliendo las normas del establecimiento. Me he alejado algo más de ella, pero se me ha debido ver en la cara lo que pensaba, porque me ha dicho que “los jóvenes de hoy en día nos lo tomamos todo a cachondeo, y esto no es una broma”. No señora, lo que es una broma es que usted se convierta en un condón andante para salir de casa a comprar únicamente un pan y me pida a mí explicaciones. Eso sí que es una broma.

Paula Soroeta:

Hoy me he despertado al ritmo de ‘We are the champions’, mi vecino la estaba ensayando para su concierto de esta noche. Concierto, sí. Es lo que tiene la cuarentena, que también te da momentos mágicos. Como un concierto en los balcones, desde casa. La canción, cómo no podía ser de otra manera, se ha roto en aplausos. Ha sido mágico.

Por lo demás, mi día de hoy ha sido igual que el resto. Por la mañana trabajos del Máster, series por la tarde y último capítulo de ‘Sé quién eres’ por la noche. !Vaya pedazo de serie! Ah! Y Goazen erreala!, que nunca está de más decirlo.

Javier Cuesta:

Un día más. Un día menos. ¿Menos de cuántos? Quién sabe. De momento, nos centramos en el presente, en el aquí y ahora. Y ahora estamos en casa, así que hay que aprovechar todas las comodidades que nos ofrece. Un baño más largo de lo normal, las partidas de cartas interminables, perder el tiempo en las nimiedades más tintas… Aprender a disfrutar de ellas desde una perspectiva hasta ahora inimaginable.

Lo que hasta hace poco no era más que una pequeña parcela de tu día, es ahora el aula de clase, el gimnasio, el bar de la esquina, el patio de recreo… En fin, ¿no intentaba yo ser más positivo?

Pedro Ontoso:

Por delante de mi casa veo pasar gente que lleva el periódico bajo el brazo, como antaño. Era una imagen de archivo, muy poco frecuente en estos tiempos digitales, en estos tiempos metálicos que arrinconan al papel. En la Redacción siempre decíamos que el papel lo aguanta todo. ¿El coronavirus también? Hasta ‘L‘Osservatore Romano’, el periódico oficial del Vaticano, ha dejado de imprimirse por la emergencia sanitaria. Yo creo que es por primera vez en su historia. Solo va a trabajar un técnico para imprimir diez ejemplares (para la Curia romana, la Secretaria de Estado y el Papa, según leo en la revista ‘Vida Nueva’), para que conste en la hemeroteca.

Puede ser el momento de recurrir a «esos seres de luz que nos protegen y acompañan», los ángeles, como lo hacía Lucía Bosé, que ya camina con ellos. Conocí su museo, hace casi veinte años. Me impactó ver aquel proyecto cultural en un páramo de Segovia, bajo un cielo azul de Prusia, casi como su pelo. Fue una experiencia interesante entre degustaciones de setas (era en otoño) y platos de cordero asado en horno de leña. No estuve en el Alcázar, pero sí en la iglesia de la Vera Cruz de la Orden de Malta y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén. Siempre me ha interesado esa parte de la Historia, lo que me ha llevado a otros templos, como los de Artajona y Labastida. Hay un hilo conductor, en la que también entran los templarios. Conocí su último bastión, en San Juan de Acre, muy cerca de Haifa. Algún día escribiré sobre ello.

Mientras, continúo en este retiro casi monacal, como el retiro espiritual que llevaba en sus últimos años Lucía Bosé. Y llegan buenas noticias, Una amiga de mi hija Ane acaba de tener una hija preciosa, que se llamará Maddi. ¿Será un ángel? La vida sigue.

César Coca:

Me he encerrado en mis tareas (tengo hasta tres entrevistas por transcribir, el cierre del suplemento, hacer temas para la sección) y he dejado de seguir las comparacencias de las autoridades sanitarias con el parte del día. Pero es inevitable saber que ha sido una jornada durísima en cuanto a muertes y contagios. Todos tenemos la esperanza de que el encierro empiece a notarse a partir del fin de semana, pero aún es martes y las cifras pueden ser aterradoras antes de que comience el descenso.

Se habla mucho estos días de que tenemos más tiempo para hacer otras cosas como leer o ver series. No es mi caso. Yo leo mucho en el metro, que ahora no cojo, y mi jornada en EL CORREO se extiende desde las nueve y media más o menos hasta cerca de las diez de la noche. A mediodía voy a comer a casa, eso sí. Después de cenar tengo los ojos fundidos tras una jornada larguísima sin dejar de mirar una pantalla. Así que, como resultado del confinamiento, leo menos que en tiempos de normalidad. Otro motivo para desear que esto termine cuanto antes.

Artículo del Diario de cuarentena publicado por los alumnos del Máster de Periodismo 2019-2020 y sus profesores de Producción Informativa.

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