Aprovechando la información en torno al fallo del premio Princesa de Asturias de Comunicación 2016 el pasado jueves, al fotoperiodista estadounidense James Nachwey, el periódico del máster publicó una excelente entrevista de Gabi Cuesta a quien fuera durante muchos años el alma mater de dichos premios, Graciano García. El fundador y promotor de la Fundación que otorga los premios, en la actualidad Patrono Emérito de la misma, dialoga con nuestro compañero sobre estos premios.

BILBAO. En 1980 la Fundación Príncipe de Asturias vio la luz y, junto a ella, sus premios. Un proyecto ambicioso con el objetivo de “crecer en prestigio y reconocimiento internacional”. Son palabras de su fundador y promotor, Graciano García, ahora Patrono Emérito de una institución rebautizada como Fundación Princesa de Asturias. Ante las protestas desde el Ayuntamiento de Oviedo por la financición del galardón, el ahora Director Emérito Vitalicio no se muerde la lengua.
Echemos la vista atrás, ¿Cómo comenzó a fraguarse la idea de crear los premios?
Todo surge en el inicio de la transición de la dictadura a la democracia. Para mí, como para tantos otros, aquellos fueron tiempos de ilusión y de esperanza, y también de compromiso y de enfrentar riesgos. He sido educado en la idea que expresó el poeta Hölderlin de manera hermosa: “en el riesgo está la esperanza”. Creí que aquel era el momento idóneo para fortalecer los vínculos entre el Heredero de la Corona y el Principado de Asturias, una vez que la Constitución había restituido esos títulos históricos para nuestra Comunidad Autónoma. Y pensé que se podría lograr a través de una Fundación de carácter cultural que tuviera como expresión de sus objetivos, como bandera, la concesión cada año de unos Premios para distinguir a quienes luchan y se sacrifican por hacer un mundo mejor. Fui muy consciente de la dimensión del proyecto y de las dificultades que tendría ponerlo en marcha, como así fue.
¿Cuáles fueron las mayores dificultades para conseguir consolidar el proyecto?
Tuvimos que luchar contra el escepticismo de muchos, que creían, y razones no les faltaban, que aquello era una locura. Pero he mantenido mi postura firme, nunca dejé de pensar que hacíamos el bien y que teníamos que seguir adelante. Y así hemos trabajado todos estos años. Siempre con esperanza en el futuro, sin perder la ilusión, sin caer en el desánimo y sin escuchar las voces que pretendían, y a veces aún lo pretenden, menoscabar todas esas ilusiones.
Quien quiera subir a lo más alto de la montaña tiene que prepararse, madrugar mucho y no desfallecer. Lo oí en mi pueblo siendo un niño, y nunca lo olvidé. Y añado: sin un gran equipo no se puede hacer una gran obra.
¿Hasta qué punto ha sido importante la involucración de la Casa Real en el proyecto?
Fue decisiva en su momento, cuando S.M. el Rey don Juan Carlos dio su conformidad al proyecto, y ha seguido siéndolo a lo largo de los años, pues nunca nos ha faltado el apoyo de la Corona y, sobre todo, el liderazgo de S.M. el Rey don Felipe VI, a quien conozco desde que tenía doce años y por el que siento una fundada admiración y un grandísimo respeto. Don Felipe tiene muy buen corazón, es agradecido, tiene un consciente y asumido espíritu de sacrificio y una sólida y extensa formación cultural. Ahora también contamos con el apoyo y la ayuda de S.M. la Reina doña Letizia, por la que, personalmente, siento también una profunda admiración, por su inteligencia y por su forma de ejercer la extraordinaria responsabilidad que supone su vida y la historia
Hace poco ha habido polémica en torno al Ayuntamiento de Oviedo, que no quería que los premios se celebraran en parte con dinero público… ¿Qué opina al respecto?
He nacido en una España muy pobre y sin libertad, un país pobre lleno de pobres viviendo una dictadura muy vengativa y tosca. Quiero una España creadora, libre y fraternal, en la que no tengan el más mínimo sitio el rencor, ni el miedo, ni la envidia. Una España en libertad, ese supremo bien del hombre, como la califica mi admirado poeta Miguel Torga. Y por eso creo que ni Asturias ni España se merecen el espectáculo que una minoría radical de extrema izquierda ha dado manifestándose en el centro de Oviedo contra nuestros Premios. Yo también estoy indignado con la corrupción y muy preocupado por los graves problemas económicos y sociales que estamos atravesando. Pero la solución es otra, el camino no es, no puede ser el de la tergiversación y la mentira. Al contrario, lo que tiene que brillar es la llama de la honradez y la inteligencia, la luz de la verdad y de la concordia. De todas formas, creo que los Premios han salido muy reforzados de esta agresión tan injusta, sobre todo lo creo tras comprobar la reacción en la calle y en las redes sociales.
¿Cómo han cambiado los premios desde 1980?
Los Premios han ido consolidándose con el paso de los años, conformando un legado y un patrimonio únicos. Y han ido creciendo en prestigio y en reconocimiento internacional. Ahora mismo son unos Premios universales que gozan de prestigio en todos los rincones del planeta, unos galardones considerados como los más importantes del mundo después de los Nobel.
¿Se esperaba esta repercusión mundial cuando empezó todo? Incluso la Unesco ha reconocido la aportación de los premios al patrimonio cultural de la Humanidad
Yo supe siempre, desde el principio, que la Fundación iba a ser muy importante, estaba plenamente convencido, pero no creí que pudiese ir todo tan deprisa, aunque es verdad también que las cosas crecen y van deprisa cuando se necesitan y el mundo que nos ha tocado vivir necesita instituciones y aventuras, vamos a llamarlas así, que alejen la mediocridad, la codicia, esa sensación que hay de que todo se compra con el dinero. La apuesta de la Fundación es exactamente todo lo contrario, que el dinero no lo compra todo, que hay valores por los que merece la pena luchar, que este mundo necesita referencias culturales y morales como las que expresa la Fundación a través de sus premiados.
¿Hay nuevas metas de cara al futuro?
Nuestra meta es seguir trabajando para que el prestigio y el reconocimiento de los Premios sigan creciendo, hacer nuestra tarea con ilusión, con esperanza, sin desfallecer y resistiendo a las presiones. Esa es nuestra meta, hacer, como escribió Unamuno, nuevo el sol de cada día y de la vida una creación continua.
En el acto, además del himno español y el Asturias Patria Querida, suena cuando entran los galardonados el “Two ayres for cornetts and sagbuts” de John Adson, ¿por qué esta melodía?
Es una melodía preciosa, muy solemne, que nos pareció idónea para acompañar la entrada de los galardonados y que se ha demostrado que resulta muy emotiva.
Como premio, además de dinero en efectivo (50.000 euros), una insignia y un diploma, también se da una escultura de Joan Miró ¿De dónde surge esta idea?
Joan Miró era, en aquel momento, con Dalí, nuestro artista vivo más internacional, un símbolo de resistencia, al haber estado tantos años exiliado en Francia, un símbolo del triunfo de la lucha por la libertad, ejemplo él mismo de libertad creadora. La verdad es que fue una idea mía pedirle un símbolo de los Premios, que aceptó de inmediato y donó a la Fundación. Nunca hemos olvidado su generosidad.
¿Recuerda alguna anécdota en sus años como director?
Sin duda que las ha habido. Pero recuerdo siempre el elogio que hizo Isaac Rabin a los asturianos, tras ver que llenaban las calles de Oviedo para aplaudir y rendir homenaje a los premiados, entre los que él se encontraba. “Un pueblo que siente así, que vive con esos valores –nos dijo– no puede temer al futuro”.
¿Hay ganas de que la princesa Leonor oficialice el acto de su fundación?
Sus padres creen que deberá asumir esa y otras responsabilidades poco a poco, dentro de unos años. La Presidencia de Honor de la Fundación es, como ha dicho S.M. el Rey, una tarea muy gratificante, pero también intensa y Doña Leonor sabrá, cuando llegue el momento, asumirla con responsabilidad y altura de miras, como lo hizo su padre. Como dice el Eclesiastés, todo tiene su momento, su tiempo bajo el sol.

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