«La bebida me cambió la vida»

M. F., un carranzano residente en Bilbao, lo perdió todo y ahora vive en la calle

Son las 8:30 de la mañana y M. F., con tupida barba blanca y grandes ojos azules, ya se encuentra en los soportales de la Iglesia de San Vicente de Abando resguardándose del viento, la lluvia y el frío. Tiene 63 años, es alcohólico, está solo y lleva dos viviendo en las calles de Bilbao, invisible para el resto de la sociedad. Cuenta su desgarradora historia con una vitalidad que hace pensar que todo por lo que está pasando ahora está a punto de cambiar, aunque sigue sin entender cómo ha podido llegar hasta ese punto. “Tenía un buen trabajo, mi casa, mi coche, incluso me saqué el carné de chófer… y mírame ahora, la bebida me cambió la vida”, se apena.

“Hay una diferencia abismal entre la vida que llevo ahora y la de antes. Hace unos años lo tuve todo”, se lamenta. Gozaba de una buena situación económica. “Recuerdo que hubo una época en la que me iba tan bien que dejaba algo de dinero a mis amigos”. Ahora relata su caótica vida mientras el conserje del edificio le llama para que le ayude a tirar la basura, como cada día.
Con la salud deteriorada por las malas condiciones en las que vive, aparenta más edad de la que tiene. M. F. no entiende cómo después de todo lo que se ha esforzado ha acabado perdiéndolo todo. “Tenía otra vida”, subraya. Es de Carranza, aunque la mayor parte de su vida la ha pasado en Güeñes. Estudió hasta segundo de bachillerato y trabajó muy duro durante muchos años: “Estuve en el campo, de tapicero… he trabajado en muchísimos sitios, nunca me faltó”, apunta.

Pero su suerte dio un giro inesperado. “La única explicación de este cambio tan brusco fue la bebida”. No se considera un hombre agresivo, aunque reconoce que cada vez que bebe dice cosas que no debe y por eso ahora duerme en la calle, porque no tiene donde alojarse. “Me expulsaron durante un mes del albergue de Uribitarte, hasta el 31 de enero”, aunque sigue convencido de que no hizo nada tan grave como para dejarle en la calle sin un techo en el que cobijarse, sobre todo, en estos días tan grises. No obstante, algunas personas que le rodean señalan que ha estado en la cárcel.

Afligido, narra que estuvo seis años sin beber tras un largo tratamiento de desintoxicación pero volvió a caer. “Fue muy duro después de haber sufrido tanto porque casi lo había conseguido. Hay que pasar por esto para saber lo que se siente”.

Actualmente no recibe ningún tipo de ayuda y subsiste como puede. Acepta la caridad de algunos vecinos pero no pide limosna porque no quiere producir lástima. M. F. aclara que hay muchas personas que viven en la misma situación que él y que eso fue algo que le sorprendió al principio porque “uno no lo sabe a ciencia cierta hasta que lo ve con sus propios ojos”. “Cuando me doy un paseo por Bilbao y paso por las Galerías Urquijo, hay mucha gente durmiendo”, destaca.

Su intención es mantenerse como hasta el momento, sin acudir a ningún tipo de albergue ni comedor social. Vivir con lo poco que consigue a diario y después “Dios dirá”. A la espera de cobrar la jubilación, cree que su situación se arreglará en muy poco tiempo porque “a las personas les llegan cosas malas pero también les tienen que llegar las buenas y ahora a mí me toca ver un poco de luz al final del túnel”, finaliza convencido.

Artículo publicado en la sección “Vivir en la calle” por la alumna Andrea Arana Río, durante el Máster de periodismo 2017-2018.

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