La plaza Unamuno se transforma en un museo con las obras de Sarah la inglesa que recorre el mundo como “nómada del arte”

Sin cobro por entrada, con acceso ilimitado y a pleno cielo abierto, así es como todos los días abre el “museo de tapices” en pleno corazón de Bilbao. La plaza Unamuno se llena del color de variados tejidos que tiñen de sonrisas las caras de los transeúntes que se reúnen a lo largo de las obras de Sarah, la apasionada y delgada mujer inglesa que es dueña y creadora de las piezas que ahí se exhiben. Y llenan de vida las calles del Casco Viejo.

“Arte para todos”, eso es lo que enuncia el pequeño papel con que Sarah presenta su trabajo, al que ha estado dedicada a lo largo de más de dos décadas. Con 52 años y tras haber recorrido numerosos países, no puede negar que ha tenido una vida sumamente interesante. «Yo me fui de Inglaterra hace 24 años porque quería conocer el mundo y mostrar mi arte a las personas, cosa que en ese entonces en mi país era muy difícil», confiesa con una mirada que deja claro que si bien aún tiene nostalgia de su tierra -que aún visita en ocasiones- no se arrepiente en ningún momento de la decisión que tomó a sus tempranos 28 años, que hizo que las calles del mundo se convirtieran en su nuevo hogar como mochilera.

“Ciudadana del mundo”, eso es lo que se considera esta peculiar “señora de los tapices”, mote con que han bautizado los vizcaínos a Sarah, quien ve en su arte no solo una forma de vida, sino también una crítica cultural. «Durante los años que viví y estudié arte en Inglaterra siempre me sentí limitada por sus reglas, sus burocracias (…) su mundo se me hacía sumamente elitista y clasicista, no era un lugar al que se tuviera acceso fácilmente», admite. Sarah considera que el arte es un fenómeno que se nutre de la participación social. «El trabajo de los artistas no solo debería limitarse a estar en grandes y aparatosos museos, sino que debería ser exhibido en un lugar al que pueda acceder todo el mundo, para que así, las personas puedan gozar y opinar libremente de este».

De 5 a 8 euros, esa es la media que recolecta la “señora de los tapices” diariamente en las calles de Bilbao. Eso y los comentarios de cientos de personas que admiran y alaban sus obras y talento. «Esta es la vida que yo decidí vivir, y no necesito nada más, después de todo no tengo un techo o coche que mantener, solo tengo a mi pasión, que es la misma que me permite llevarme algo que comer todos los días, y poder viajar por el mundo», señala. Y es que, a pesar de la dura vida que escogió llevar Sarah en las calles, no se arrepiente de nada. Incluso cuando solo cuenta con lo mínimo para «sobrevivir», lo que ocurre muchas veces.

Una dieta de café y cigarrillos, haber viajado por Italia, Francia, España y Ucrania, diseñar un tapiz que es la réplica de un cuadro de la Capilla Sixtina, y varios kilos menos, esas son algunas de las cosas que le han dejado la aventura. «Yo vivo por mi arte, ella es parte de mí y yo de ella, es literalmente lo único que tengo», admitió Sarah que tiene en su colección un total de 3 tapices que  han requerido de un período de entre 4 a 8 años. Llueva o relampaguee, nada detiene a esta fuerte mujer, que nunca deja de hacer su trabajo en las calles del país donde sea que se encuentre.

«Mi obra es un trabajo que requiere de mucho esfuerzo y cuidado, pero sobre todo detalle, por lo que cuando alguien se me acerca con una chequera para que les ponga un precio a mis obras siempre les respondo que no están a la venta», afirmó Sarah con una mirada que deja ver su voluntad de hierro. Y es que si bien, el vender una de sus creaciones podría mejorar su calidad de vida, eso ni siquiera ha cruzado por su mente. «Venderlas es venderme a mí, y eso significa el fin del estilo de vida que he llevado estos últimos 24 años».

Artículo publicado en la sección “Vivir en la calle” por la alumna Samantha Acosta, durante el Máster de periodismo 2017-2018.

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